VILLA CONDAL DE TEBA

Fotografía de: Joaquín García Hueso

ARQUITECTURA RELIGIOSA

Ermita de Ntro. Padre Jesús

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La primitiva ermita. Un edificio centenario

Fue en el año 1922 cuando por la Cofradía se levantó el edificio de la primitiva ermita, estando de Hermano Mayor Ángel Gallegos Hinojosa, cumpliéndose así el testamento de Josefa Cueto Palacios, de fecha 1 de febrero de 1917, otorgado ante el notario de Teba, Darío Giménez Conde, y dándose la curiosa coincidencia de que la casa objeto de la donación era la misma en la que en aquel momento estaba el despacho de la notaría.

En el testamento, ruega, entre otras disposiciones, que en la capilla se coloquen los cuadros El Eccehomo, La Pureza, San Antonio y San Francisco, así como el de San José, los cuales estuvieron antiguamente en el convento de San Francisco y más concretamente en la capilla llamada del Eccehomo. Hoy se desconoce el paradero de los mismos, salvo el de uno de ellos, el titulado San Antonio, identificado y ubicado en la sacristía de la Iglesia parroquial, y que durante muchos años estuvo junto al retablo de la Virgen de los Dolores, justo encima de un cepillo de limosnas.

Cuando se construyó la nueva ermita y casa-hermandad entre 1992 y 1994, siendo Hermano Mayor Antonio García González, se habilitó y señaló un espacio en el interior de la capilla, precisamente con el fin de cumplir la disposición testamentaria, ofreciéndose por la Cofradía a la familia de la bienhechora, la posibilidad de que trasladasen sus restos mortales, pero esto nunca ocurrió.

 

Vicisitudes históricas
En los convulsos años de la II República, así como en los del conflicto armado, el edificio pasó por muchas vicisitudes. Concretamente, en el verano de 1936, al declararse el estado de guerra, en Teba se conformó un comité revolucionario del Frente Popular, que acordó, entre otras actuaciones, clausurarlo para utilizarlo como almacén que albergara la recogida de alimentos y cereales, como también ocurrió con la casas vecinas números 7 y 8 de calle San Francisco y en muchos lugares de otras calles, situándose la base la de la milicia armada en la ermita del Rosario.

 

Consecuentemente, sabida esta circunstancia y la de la profanación y destrucción de la Imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, se desconoce hasta qué fecha concreta dejó de ser la cuna de la Cofradía, aunque se intuye que la actividad en la casa volvería a partir de 1939, después de la llegada de la nueva y actual talla, que por el estado lamentable de la ermita, estuvo expuesta provisionalmente en la casa del entonces Hermano Mayor Antonio Lora Vera, en calle Grande número 2, esquina a calle Herradores.

 

Reformas y cambios en la estructura
Setenta años después de la primera construcción, en 1992, se iniciaron las obras de transformación de su estructura, que concluyeron en 1994, con la realidad que hoy se conoce de capilla y casa hermandad.

 

La ermita pasaría por multitud de reformas a lo largo de los años como por ejemplo las acometidas entre los años 1967 y 1986, con la colocación de una cruz en el lugar que ocupaba una palmera, cuyo pedestal de apoyo y de época romana, procedía de la llamada «Cruz de los Caídos» que había en el compás de San Francisco.

 

También, un nuevo zócalo interior que costó 9.372 pesetas, la reparación de la fachada y el arreglo de los tejados, que supuso un gasto de 51.750 pesetas, que como las de construcción en el atrio de una puerta y verja a modo de cancel, se realizaron en el año 1972, y las del cambio de solería, en el último —soportadas con el beneficio de la caseta de feria de 1985 —, pasando por las realizadas en el interior, que consistieron en cambiar la decoración de las paredes y las de sustitución del antiguo techo de la capilla por uno de escayola, época en la que se hizo una permuta del camarín que estaba a la espalda de la actual hornacina central y que se incrustaba en la casa con la que limita por calle Herradores, a cambio de un pasillo y patio lateral entonces existente entre la ermita y la vecina casa de calle San Francisco, propiedad de un particular, que permitió tener un espacio que se dedicó a sacristía y a almacén, acuerdo con el que se «cuadraron» ambos inmuebles.

 

Los Hermanos Mayores en las referidas fechas, por orden cronológico, eran Miguel Galán Escalante, Leonardo Medina Galán, Antonio Maldonado Escalante y Antonio García González.

 

Nueva era
​​Llegados a nuestros días, nos encontramos con la planta baja del edificio, dedicada en toda su superficie a capilla, ubicada donde siempre lo estuvo, a la que se accede por su fachada principal, quedando a una cota de 0,65 metros, salvándose dicha altura por medio de escalones de amplia huella. Es el lugar de cultos y donde se venera a Nuestro Padre Jesús Nazareno y a María Magdalena, que está dividido en partes claramente determinadas y que fundamentalmente son el lugar de la celebración o presbiterio y el de la asamblea o nave.

 

El presbiterio está ligeramente elevado en relación a la nave unos 0,55 metros y tiene la amplitud suficiente para que los ritos sagrados puedan desarrollarse cómodamente. En él se sitúa como elemento principal el altar, y lleva una iluminación destacada y está provista de una instalación para micrófono. El tabernáculo o sagrario está situado al pie de la hornacina central, incrustado en el conjunto del retablo, y su techo está pintado con frescos alegóricos.

 

El lugar destinado a la asamblea está orientado hacia el altar, de manera que todos los congregados pueden verlo sin dificultad y escuchar perfectamente al oficiante.

 

Los asientos están dispuestos en bloque, en bancas de madera para varias personas, y reclinatorios para las grandes celebraciones.

Según se entra, a la derecha, está situada la pila bautismal y de agua bendita, y a la izquierda de la puerta, incrustada en la pared, igualmente hay otra pilita de mármol, que es una reliquia procedente del antiguo convento de San Francisco.

 

A la sacristía se accede desde la nave, y justo delante y al lado derecho de la asamblea hay un entarimado artístico de madera ligeramente elevado, donde se ubica el coro.

 

Su interior está decorado con ornamentos y enseres religiosos. Los procesionales son la cruz guía, el guión de mayordomía, los cetros o varas del Hermano Mayor y del Senado, y la cruz de traslado del Nazareno. Y también otros de culto, entre los que destacan la Imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, que preside, y también las de María Magdalena, San Juan Evangelista y la Virgen Niña, además de candeleros, cálices, atriles, y un incensario.

 

Sus paredes están profusamente adornadas con cuadros del Vía Crucis y otros de la Virgen de los Reyes y de Santo Toribio de Liébana, como destacados entre otros, y su techo, cornisas y capiteles, con espectaculares pinturas alegóricas a lo «Capilla Sixtina». También, cerca de la pilita, a la izquierda de la puerta principal, hay una placa conmemorativa de la bendición e inauguración de la ermita y casa hermandad.

 

A la casa hermandad se accede desde calle Herradores, desde la fachada lateral de la puerta principal, que al ser de una cota de terreno más baja, permitió la posibilidad de ejecución de una planta semisótano, la cual está dedicada a oficinas, almacén y sala de juntas, y también justo después del portal, hay una zona que actualmente se dedica a lugar de encuentro o «cuartelillo» en tiempo de cuaresma y que se bautizó con el nombre de «Rincón Nazareno».

 

Y a la planta alta, por la misma puerta y a través de una escalera. En la misma se sitúa el salón de actos, exposiciones y museo, que fue remozado en tiempos de Pablo Maldonado Lebrón como Hermano Mayor.

 

La puerta de entrada nos muestra una cerámica de Talavera, conmemorativa de su apertura.

En las vitrinas que a modo de museo se exhiben en el salón de actos, se pueden contemplar reliquias y documentos históricos de la Cofradía, así como otros recuerdos.

 

El uso del salón está reservado para la celebración de cabildos y asambleas, así como para conferencias, charlas o coloquios, y también para exposiciones socio-culturales. Está presidido por un cuadro de grandes dimensiones, que porta una pintura al óleo de Nuestro Padre Jesús Nazareno, y en sus paredes cuelgan como galería los que enmarcan las fotografías de los personajes que fueron sus Hermanos Mayores.

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